
Me cae bien este Hugo Chávez.
Desafía al sistema. Se caga en los protocolos. Le dice fascista a Aznar en la misma cara de los españoles. Ofrece petróleo para mejorar el Transantiago. Llama a Fidel a Cuba por celular cuando está en pleno discurso. Le dice "mono"cariñosamente a Evo. Habla durante horas. Canta en los aeropuertos. Cree más que nadie en su revolución. Se rie de Bush ("huele a azufre", un clásico). Manda proyectos de ley para perpetuar su gobierno. Hace alianzas con países "terroristas", entre otras gracias.
Mientras me cago de calor escuchándolo -el sábado cerca de las 3 de la tarde-, pienso en la figura de Chávez. Quería estar ahí, llegué a las 11 y me fui a las 5, todo para presenciar el discurso del "macaco mayor". Sabía del momento histórico que vería en directo.
Hugo redunda una y otra vez en conceptos como pueblo, poder, imperialismo, revolución y Allende. Tira tallas, goza, sube al escenario a Violeta, una viejita roja como su vestido. Desafía de nuevo, proclama a Fidel como un personaje de "otro mundo", toma el celular, señala a Daniel Ortega y lo pone como ejemplo. Cree en lo que dice y persuade a la masa.
Hay algo en las palabras de Chávez que emboban, seducen, exaltan el espíritu. Cuando se me ponen los pelos de punta con "somos soldados del pueblo, y no vamos a dejar de pelear jamás", entiendo que el embrujo está consumado.
El macaco mayor lo hizo de nuevo. Ganó, como siempre, arriba del escenario, un memorable sábado 10 de Noviembre del año 2007.
Mientras me cago de calor escuchándolo -el sábado cerca de las 3 de la tarde-, pienso en la figura de Chávez. Quería estar ahí, llegué a las 11 y me fui a las 5, todo para presenciar el discurso del "macaco mayor". Sabía del momento histórico que vería en directo.
Hugo redunda una y otra vez en conceptos como pueblo, poder, imperialismo, revolución y Allende. Tira tallas, goza, sube al escenario a Violeta, una viejita roja como su vestido. Desafía de nuevo, proclama a Fidel como un personaje de "otro mundo", toma el celular, señala a Daniel Ortega y lo pone como ejemplo. Cree en lo que dice y persuade a la masa.
Hay algo en las palabras de Chávez que emboban, seducen, exaltan el espíritu. Cuando se me ponen los pelos de punta con "somos soldados del pueblo, y no vamos a dejar de pelear jamás", entiendo que el embrujo está consumado.
El macaco mayor lo hizo de nuevo. Ganó, como siempre, arriba del escenario, un memorable sábado 10 de Noviembre del año 2007.
