“¡Guatemala feliz...! que tus aras, no profane jamás el verdugo; ni haya esclavos que laman el yugo, ni tiranos que escupan tu faz”. Así comienza el himno patrio guatemalteco, con un párrafo lleno de fuerza y buena intención. Sin embargo, la realidad del país centroamericano es tan opuesta que asusta. Y da tristeza, porque, a propósito de las elecciones presidenciales de este año, aquella nación no parece merecer tanta contradicción y maltrato. El pasado 9 de septiembre se realizó en aquel estado la primera vuelta de sufragio para la primera magistratura. Fue el “primer round”, ya que dos de los candidatos, Óscar Berger y Álvaro Colom, no superaron el 50% de las votaciones totales necesarias para proclamar un ganador. La segunda ronda eleccionaria tendrá lugar recién el 28 de diciembre, instancia definitiva donde los ciudadanos guatemaltecos optarán por un gobernante.
Con una población aproximada de 13 millones de habitantes, de los cuales 5,9 tienen la facultad de sufragar, Guatemala decidió entre 14 candidatos, dejando en la pelea para el balotaje sólo a Berger y Colom. El primero – de 57 años- representa a la Gran Alianza Nacional (GANA), coalición centroderechista de corte más conservador. El segundo – de 52 años- integra la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), pacto de centroizquierda. Ambos cuentan con una amplia experiencia política (Berger incluso fue alcalde de Ciudad de Guatemala), no obstante, los votos en primera vuelta favorecieron al candidato del GANA, con un 34% versus un 26% de Colom.
Otros célebres aspirantes a la presidencia de la nación centroamericana fueron el ex militar Efraín Ríos Montt, golpista en el año 1982, y la Premio Nóbel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú, representante de la progresista Encuentro por Guatemala (EG).
Se esperaba que con una población indígena que supera el 50 por ciento, la Menchú obtuviera una importante cantidad de votos, situación que definitivamente no aconteció y que derivó en un resonante fracaso, ya que obtuvo escasos 101 mil votos, alrededor del 3.09% nacional, quedando séptima en el recuento final.
Las razones de tal debacle se explicarían –de acuerdo a la interpretación de múltiples analistas internacionales- en el escaso tiempo en que inscribió su candidatura, sólo tres meses antes de la elección. No hizo una campaña adecuada que asociara su prestigio de defensora de los DD.HH indígenas, con el nombre de una gran dirigente política. Su recortado presupuesto no le permitió masificar su propuesta por radio y TV, además de los constantes ataques de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), quien la acusó de haber pactado con los “millonarios”.
Eso, por cierto, se sindica como el mayor error de Menchú. El haber hecho trato con Fernando Montenegro, ex presidente de Anacafé y Cacif, vicepresidenciable ligado estrechamente a las cúpulas empresariales de Guatemala. Según Julio Ligorría, analista y estratega político, la designación de Montenegro “distorsionó la propuesta y confundió al electorado. En vez de asumir que era posible combinar a ambas figuras, la gente no terminó de entender cuál de las dos era la creíble”.
En Guatemala mueren 60 personas por semana, víctimas de asesinato. Existen dos millones de armas de fuego no registradas, es decir, una por cada seis habitantes. Es uno de los principales países destinatarios de la cocaína colombiana, lo que le valió ser desafectado de forma temporal por los EE.UU. en su lucha contra el narcotráfico. Se dice que los militares tienen mucho que ver con el tema. Los niveles de corrupción son tan altos que Amnistía Internacional dijo que Guatemala era "un estado corporativo mafioso". Además se calcula que el poder judicial investiga sólo el 3 por cierto de los delitos. Demasiado poco para un país que terminó en 1996 una guerra civil que duró casi 36 años.
Sin embargo, lo que más preocupa de la infeliz Guatemala es su miseria. Según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de aquella nación, 51% de sus 13 millones de habitantes subsisten en la más absoluta pobreza, deplorable condición que atañe al 70 por ciento de las comunidades indígenas mayas. Sus niños, en una cifra cercana al millón, abandonan sus estudios para trabajar en las calles de la capital, incentivando el espiral de desigualdad e indigencia.
Con esos números -que más que dígitos simbolizan un acta de defunción- asumirá el próximo presidente de Guatemala. Sin esperanzas de remontar en lo económico y con un sistema político podrido, el pueblo espera paciente su llamado a votar. Cabizbajos, los guatemaltecos prefieren recordar el maravilloso coro de su himno, que seguir viviendo en lo profundo de la injusticia;
¡Ojalá que remonte su vuelo, más que el cóndor y el águila real! y en sus alas levante hasta el cielo, GUATEMALA, tu nombre inmortal!
4 comentarios:
Hojalata un hola.
Perfumado un abraso.
Embriaguése de amor señor.
Vayamos a mirar una puesta de sol.
Nos vendría bien.
Me quiero curar y cuerarme quiero de todos mis males, más buenos que malos.
Tu ranking está... rico...
Aunque con tanta belleza no sabría lidiar, no podría establecer lugares...
OH MY GOD
¿Qué fue de los Bolívar o los Martí?
Me angustia la indignidad mundial, la miseria humana que en este caso, es pieza de la que llamamos ‘nuestra América’. Guatemala, de historia injusta, de robo español y estadounidense, de empresarios tan como los ‘nuestros’.
Hoy no he pasado un día alto en lo anímico y me cuesta visualizar a nuestro continente bien, en armonía en algún futuro –digamos- cercano. Los valores de los himnos nacionales no representan nuestra realidad, y seguimos cantando. Ya no parece ser que nos detengamos a analizar la letra, es más, se ha transformado en parte de un rito antes de entrar a clases el día lunes, en un cántico más en el estadio.
“La tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión”
Menos mal, y a pesar de todo se sigue escuchando alguna voz gritar “Revolución”.
Al menos revolucionario hubiese sido que los Guatemaltecos eligieran a Rigoberta Menchú como su presidenta, pero no, se siguen enfrentado por el poder esos grupos tan parecidos que en Latinoamérica llamamos centro-izquierda y centro-derecha.
Parece que solo nos queda cantar.
Saludos Seba.
Necesito desahogo, excuso mi largada en el comentario anterior.
Nos vemos.
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